Tengo millones de melodías que noche y día me rondan la cabeza.
Es como un constante ajetreo de viajeros sin destino alguno.
Con ellas se mezclan las ideas, los sentimientos, y todo lo demás que a Neurona se le ocurra.
Es que escribir sinfonías, por cortas que sean, resulta siempre un titánico trabajo.
Hay que encontrar el momento, el compás, el tono y el tempo correctos para lanzar el gran solo, toque de gracia donde los haya.
Encontrar ese momento es harto difícil, así que prefiero que él me encuentre a mí.
Así es como lo he hecho y la verdad,
todavía noto alguna entrada a destiempo,
hay alguna cuerda que desafina,
y los metales podrían sonar más brillantes,
pero esto empieza a sonar más que bien.
Será cuestión de seguir ensayando.

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