He llegado a la finita conclusión de que tengo un problema.
De hecho tengo varios.
Al igual que cualquier hijo de vecino, me supongo.
Aunque todo acostumbra a resbalarme, hay algunos de estos problemas que me revientan.
No es que me superen, pues mi ego se autoconsidera insuperable...
Pero... en el perfecto orden pretendido de mi universo...
No soporto que algunas cosas no sean como deberían ser.
Supongo que no es un signo de madurez.
Pero me da lo mismo.
Al final, siempre lo acabo aceptando, lo guardo en una cajita, y continúo con mi statu quo.
Personita feliz; nada más y nada menos.
Tal vez con algunas manchas... pero...
Supongo que son secuelas de demasiadas malas manías que aún no conseguí desterrar.
Con todo, hay días que me cuesta sangre y sudor seguir mis propias normas.
Por suerte la secuencia de marcado de mi teléfono permite que me lo piense dos veces.
Y dónde otros verían cualidad, yo veo desventaja.
Desventaja porque soy incapaz de enfadarme, y dónde lógicamente me inidgno,
acabo siempre por ver los motivos de lo erróneo de mi postura.
Debe ser fácil la vida de aquellos que no tienden a preguntarse la causa y consecuencia de todo.
La mía, sin salir de los límites de mi cabeza, puede ser harto complicada.
Y hay días, como hoy, en que me encantaría poder expresar mi indignación y enfadarme.
Pero soy incapaz, y siempre hay algo que me calma.
Vaya paranoia....
Creo que nominaré a quienes me soportan diariamente para la medalla al mérito de algo.
Pues apuesto a que debo resultar sumamente insoportable.
Pero bueno, visto que es fácil calmarme...
Hoy gracias a Victor; canción adictiva de domingo.
Puesta de sol, una caipirinha y un porche frente al mar.
Eso seguro que hace olvidar cualquier enfado

.--

Josh Rouse - Quiet Town