Hoy Deby habla de cómo sólo los tontos se enamoran, así que ya puestos voy a hablar yo de amor, desde mi particular punto de vista.

Últimamente he descubierto que todo esto de las relaciones entre dos personas es harto complicado. Más o menos como encontrar un esquema de colores que te guste y que quede bien donde quiera que se vaya a usar, sólo que a un nivel mucho mayor. Se trata de combinar el color propio con el color ajeno de modo que quede algo artístico y a ser posible perdurable, o en su defecto, que altere almenos el ritmo cardíaco y la presión sanguínea lo suficiente como para mantenernos vivos en las capas atmosféricas superiores. Así pues, la combinación de colores [que va a gusto de cada uno] se puede hacer por similitud o por contraste.

Personalmente, creo haber probado en los últimos años ambas cosas. Por un lado, la similitud, la conjunción con otros tonos de verdes, más brillantes, más verdosos o menos, más de árbol o de esmeralda. El verde con el verde me recuerda mucho a Euskadi o a Irlanda, y como en ambos sitios siempre llueve y yo soy más de estar al sol... supongo que por eso esas combinaciones no solían ser de larga duración y/o estabilidad.

Con todo, debo admitir que mi tendencia habitual ha sido hacia los violetas. Nada de lilas amables de esos risueños llenos de dulzura y de sonrisas, que combinan la calma del mar con el cielo del atardecer. No, no... yo hablo de violetas hardcore, llenos de pasión y violencia, y a la vez de conocimiento, impaciencia, curiosidad, y sobretodo, prisa por llegar... a ningún sitio me parece. Aunque la combinación de verde manzana y púrpura obispo es horrible y debería por tanto ser ilegal, confieso haber incurrido en ella en repetidas ocasiones. Debe tener que ver con esa extraña afición que solía tener de meterme a salvador de gente necesitada de cariño debido a una existencia traumática. Como correctamente imagináis, tal combinación siempre acaba en separación, previa explosión volcánica y quasi-destrucción mútua asegurada.

Como el blanco - dicen - pega con todo, pues encontré algo de blanco con que combinarme, si bien no llegué a hacerlo. El problema del blanco es que debido a su increíble facilidad para adaptarse a cualquier situación, cotiza muy alto en la bolsa de colores. Además, yo soy un desastre y no puedo ir de blanco porque lo ensucio demasiado fácilmente.

Así que como no suelo mezclarme con colores cálidos (los rojos me resultan violentos, los naranjas se me antojan chismosos, y los amarillos demasiado inestables), me quedan los azules. Todavía no he intentado juntarme con ninguno, pero os informaré el día que lo haga. Sea como sea, azul y verde sería muy del tipo el cielo despejado sobre el prado, que suena muy idílico... muy Heidi ¿no?

Bueno; apuesto a que todo esto suena raro, pero os garantizo que si aprendiérais a ver los colores del mundo que nos rodea lo veríais todo mucho más claro. Y seguramente, teoría del color es todo lo que vais a oír de mí respecto al susodicho amor.

Feliz puente a los que lo tengáis, y mi más profundo pésame a los que no.

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Nota para la señorita que se tomó un café conmigo ayer por larde: Azul verdoso, casi turquesa, pero con un tono que recuerda más bien al cielo cerca del horizonte al alba, luminoso pero no brillante (uff, qué difícil describir colores!)