The sun shines 24/7 anyhow
Yo colecciono historias.
Reales y ficticias.
Ya sea desde aquí, sentado frente a mi escritorio,
o paseando por el Gótico las tardes de abril y mayo.
A veces las confundo.
Las ficticias por reales, sobre todo.
Sugpono que no lo evito porque las irreales son siempre más hermosas.
En ellas se juntan las cosas que nunca tuve y las que me muero por tener.
Describen figuras ovaladas, brillantes cual gotas de agua transparentes.
El tiempo va corriendo y a medida que lo hace voy recogiendo nuevas historias reales, que mezcladas con especias de imaginación y deseos, resultan en nuevas historias que imaginar.
Y después, cierro los ojos.
Se aparece frente a mí el azul del mar, el rojo del cielo cuando se pone el alba, el verde de los campos en junio, y el olor de los campos de cebada justo antes de ser segados.
Ya lo sé;
no parece muy sano alimentar los mejores recuerdos con historias ficiticias.
Pero si no quiero lamentarme cada vez que se me apagan las estrellas, no me quedan sino las historias irreales y el chocolate.
Hoy no me quejo. Ni por voluntad ni por vicio.
Hoy simplemente rememoro lo que quisiera haber rememorado días atrás.
Hoy he puesto un nuevo post-it en mi pared.
Otro más.
No tiene el arte de otros, pero es simplemente un recordatorio.
Memento, ricorda:
El sol brilla veinticuatro horas al día, siete días a la semana de todos modos.
Aunque no lo veamos, aunque sea de noche.
Aunque llueva con furia y parezca que el mundo va a inundarse.
Al recordar que sigue brillando el sol ahí fuera en el inmenso espacio, mantenemos viva la esperanza de que llegarán días mejores.
Suerte de tener mis falsos recuerdos,
que me arropan cuando tengo frío,
que me empujan cuando no tengo fuerzas para andar,
que iluminan mi mirada con su luz azul dorada cuando el universo parece terminar.







secretosdepaz dijo
hola kazz.. muy lindo lo que escribis...
me llego mucho al corazon...
14 Noviembre 2007 | 04:14 AM