Lord, is it mine?
A ti no voy a dedicarte una canción. No... eso lo hago... para gente corriente. ¿Sabes? Toda esa gente a cuyo lado pasas cada, que tiene cara de buena gente... Con caras o sin ellas, no te voy a dedicar una canción porque en primer lugar, ya las tengo últimamente reservadas para otra persona. En segundo, porque seguramente le hallarías un significado diferente al que en realidad tiene. Por tercera y última razón, y precisamente por ello como más importante, no voy a dedicarte una canción porque sería simple. Porque lo que yo siento cuando te leo, cuando navego por tus historias, se merece - cuando menos - una sinfonía entera. Con sus cuatro tiempos, su andante ma non troppo, su scherzo, su larghetto, y su molto vivace lleno de explosiones de luz de mil colores y acordes mayores al final.
No lo exagero, es cierto. Es probable que nunca llegues a entenderlo, pues los sentimientos son algo privado e individual en cada uno de nosotros. Pero es así. Me paro por un momento y detengo los segundos. Leo, pienso, comparo, transporto y reflexiono y salen miles de ideas y emociones. Muchas veces no entiendo, pero me esfuerzo en hacerlo. A menudo sin un resultado demasiado satisfactorio. Debe ser que aún nos queda mucho camino por recorrer...
Es cierto, a veces la música nos transporta, nos lleva, y nos hace creer en ilusiones del mismo modo que el alcohol nos hace creer que somos capaces de todo. Obviamente, no lo somos. Por supuesto que es hermoso viajar junto a la luz, casi caerse del vértice en vorágines de sentimientos. Cualquiera desearía seguir bailando ese vals. Desgraciadamente, en este baile, somos todos pésimos bailarines, y no tardan en pisarnos. Y se rompe la magia. Fin del sueño. Se rompieron las cuerdas de los violines. Ya no hay música, ni noches estrelladas, ni madrugadas largas. Uno a veces piensa..."yo... yo tenía una vida diferente antes de este último baile. ¿A dónde ha ido?" Con frecuencia volvemos al sitio de dónde veníamos, y cuesta convencer a los antiguos compañeros de batalla de que no añoramos aquél vals con sus tres tiempos tan bien harmonizados. Pero es simple: en el fondo, todos preferimos dormir a seguir bailando, finalmente. Está claro, y sin embargo... tiene aquél vals un perfume encandilador indescriptible... hace que a veces nos preguntemos por qué diablos tuvimos que despertarnos de aquél sueño para encontrarse que, de vuelta a casa, nos miran de reojo.
No es problema. Brillas más que la luz que pueda caer del cielo sobre esa casa. Puede que tal vez, al ser tú misma un sol, te miren de reojo por no quedarse ciegos, a sabiendas de que si tú no estuvieras, no habría en la casa nada más que tinieblas.
Por supuesto, no hay sol que brille siempre. Siempre hay días de nubes. Siempre quedarán noches. Todo sol debe dejar de arder de tanto en cuanto.
Así que bien; siéntate. Descansa. No olvides, sin embargo, tu lugar.
Tu lugar está en el cielo, brillando cada día. Muy, muy alto.






mÍRIAm dijo
Kazz.. Dos cosas (luego siempre son más pero..)La primera: se me ha vuelto el café que me he tomado hace 5min. chocolate, del bueno, del que le pone a uno más feliz que un buen baile. Segundo: Ojalá te tuviera aquí delante ahora mismo pues el abrazo que le he dado a Eli sin venir a cuento te hubiera dejado sentao. Eternamente gracias Kazz.. Si fuera verdad que brillo no olvides que sería gracias a cielos como tú que me oportunan un sitio para hacerlo. Aixxxx.. Aloviu dear lacasito!!! ;)
31 Octubre 2007 | 11:00 AM