Introspección
Me llamo Kazz, y me gusta el jazz.
Aunque prefiero el rock.
La mayoría del mundo insiste en llamarme de otra manera.
Y llevo una vida entera intentando escaparme del apellido paterno.
Mi status actual, reestablecido el statu quo, es bastante bueno.
Atravesando la pseudodepresión post-traumática de volver a la oficina tras unas no tan largas vacaciones.
Lamento profundamente que la gran ciudad muera en verano.
Así que mi mes favorito es Septiembre.
Aunque haya que volver a las tareas, porque la ciudad renace.
Prefiero el verde, las rosas blancas, y el chocolate con leche.
Seguramente sea algo no muy masculino, pero creo que nunca hay suficiente chocolate.
No suelo demostrarlo, pero siempre he pensado que primero es la familia.
Después de eso, mis amigos - los de veras - y la música.
Nunca he tenido muy claro que quiero hacer con mi vida.
Pero después de años de dejarme llevar por la corriente, creo que estoy empezando a saber nadar.
Hace ya un tiempo que dejé de llevar botas y siempre vestir de negro.
Superé los miedos, adicciones y aflicciones, y empecé a ver el sol con otros ojos.
Supongo que la constante más clara en mi vida es mi increíble habilidad para perder la cabeza.
Por algo, por un proyecto... habitualmente por alguien.
Eso lo saben bien quienes me conocen.
Con todo, ya he aprendido a no dejarlo todo de lado y correr tras la ilusión más cercana.
Aunque admito que a veces sigo huyendo.
El pensamiento que más se repite en mi mente suele ser: "desearía estar en otro sitio".
Aunque tras estar en muchos, he llegado a la conclusión de que no importa dónde esté, nunca encontraré mi sitio.
Supongo que soy demasiado inconformista.
Por eso sueño con cambiar el mundo.
Como no puedo, me conformaré con cambiar la vida de los que me rodean.
Porque aunque a veces pueda parecer mala persona, nada me hace más feliz que ayudar y hacer feliz a quienes quiero.
Tengo poca paciencia.
Me encanta enseñar, pero odio que no me escuchen.
Siempre estoy haciendo ruido, pero me encanta el silencio.
Siempre estoy en la ciudad, pero nada supera la paz del campo.
Soy incapaz de explicar con palabras llanas los sentimientos que albergo.
Y supongo que es por eso por lo que empecé a escribir mis versos.
Con los años, ya hay cientos de páginas, docenas de canciones.
Y no creo que haya nada mejor que tocar el piano de noche con las luces apagadas.
Creo en Dios, pero no rezo. Ni creo en las religiones.
Siempre he llevado muy mal callarme y recibir órdenes.
Por eso nunca seré capitán como mi abuelo.
La muerte me aflige a veces; sin embargo no le temo.
Aún así creo que todavía me queda demasiado por hacer para morir tan joven.
Ya he dejado de lado los grandes objetivos en la vida.
Creo que sólo aspiro a un loft con un piano de cola, y a tantas puestas de sol como sea posible.
Mejor en buena compañía.
Ya he aprendido a dominar los impulsos. Y a tener las manos quietas.
Aunque a veces aún sigo causando desperfectos.
Y por si todavía no lo habéis notado, tengo cierta tendencia a hablar sobre mí mismo.
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chipitadechiapas dijo
Totalmente cierto: ¡nunca hay chocolate suficiente! y bueno, con leche, por supuesto...
Un beso :-)
22 Agosto 2007 | 02:25 PM