Podemos llamar a las estrellas;
que caigan como en la canción y atrapen la luz del sol plateada de tus manos.
O de las manos de cualquiera.
En todo caso, yo aún sigo esperando.
Pero con tanta gente que voy conociendo, tarde o temprano, alguien tendrá que sacarme de mis trece.
Supongo.
Sea como fuere, he calculado que aproximádamente un 40% más de la gente que debiere tiene mi número de teléfono.
Y no, no es que me dedique a repartirlo por ahí en octavillas o pasquines de cualquier índole.
Simplemente, cosas que pasan.
Sigo sin entender lo façonnable de los cascos sin enchufar a nada.
Pero bueno, algún motivo tendrá para llevarlos.
Tal vez sea algo psicológico.
Lo cual me recuerda que...
lo malo no es que más personas de las debidas tengan tu número.
Lo malo...
es que nadie te llame.
Qué tristeza.
Es como tener un déficit de messenger addresses...
Y no, no la mía.
La tristeza, digo.
Yo hoy no estoy para sentir nada de nada.
Moraleja; si estás mal, quédate en casa.
Y ah, os prometo que sé escribir bien.
Simplemente, no estoy en grandes condiciones.
Y sólo me quedan cinco meses.
Mon Dieu.
Será cuestión de ir encontrando ese tercio restante de mi antigua vida...
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Me acuerdo de ti muchas más veces de las que te llamo... Que no te llamen constantemente no significa que la gente no se acuerde de ti.. quizás no se ha dado el momento adecuado ;)