Tú y yo nunca nos hemos conocido.
Al menos no fuera de un pedazo de código informático que aparenta ser algo parecido a una novela por fascículos.
Sin embargo, la influencia que se puede ejercer es inmesurable.
No lo digo por decir.
Lo digo por que de no ser por ese estilo más ligero y apasionante yo nunca hubiera querido escribir mejor.
Y eso sí ha cambiado muchas cosas de mi vida.
Aunque no lo parezca.
Es sencillo: cuando llego a casa y me siento frente al ordenador, primero pincho sobre el link a tu página.
Y eso es sagrado para cualquier día normal.
Tanto como pillar el ADN al salir del metro cada mañana para leer la columna de la contraportada.
Tú dirás que no tienes nada más que contar.
Será que se ha acabado la temporada.
Bueno; es normal. Será cuestión de comenzar una nueva.
Es algo del tipo... te levantas una mañana y dices "hoy empieza una nueva etapa".
Y de repente todo es diferente.
La inocencia, por cierto, se nota en cada fascículo.
Tal vez no suene demasiado coherente, pero es así.
La inocencia no depende de lo que te hayan hecho;
sino más bien de lo que hayas hecho tú.
Y apuesto que nunca has sido una mala persona.
Y eso que nunca he tenido ocasión de mirar qué llevas dentro.
En todo caso; lo de la cala, lo que tú quieras.
Siempre que el tiempo y la meteorología lo permitan.
Y si no siempre quedan mis recónditos espacios de Montjuïc.