Si los fines de semana se colocaran en el calendario según el grado de cosas raras que pasan durante los mismos, sin duda, el pasado hubiera sido el primero de Enero.

Y es que no tiene precio.
No tiene precio probar todos los tipos de cerveza disponibles en un bar.
Tampoco lo tiene no parar de conocer gente con extraños y divertidos acentos de alrededor del mundo mientras escuchas U2.
O conocer a tu nueva futura esposa simplemente cambiando una Molly por otra.
Aunque ella no lo sepa, claro esta.
Viene a ser; el amargamiento que venía arrastrando se ha esfumado sin saber muy bien por que.
Debe ser cosa de sonrisas.
O alucinaciones.
O el hecho de que todas las tías en que me fijo últimamente resultan ser lesbianas.
Nada como tener buen ojo.

Y antes de que se me olvide, deciros que me encanta mi vida.
Aunque al mundo se le vaya la cabeza.

Y que cualquier pez en el anzuelo es bueno.

Releyendo esto... carece de todo sentido, ¿verdad?

Como viene siendo costumbre.
El trabajo, que me destruye más neuronas que nuestro amigo Absolut y su panda de amigos de nombre ruso.

Mil disculpas les pido
Y ahora si no es molestia, voy a lidiar con la fiesta neuronal que se está celebrando en mi lóbulo frontal.

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