Lo más semi-deprimente de trabajar las dos semanas de ambiente navideño es que si trabajas en una empresa con una plantilla de unas ciento cuarenta personas, puedes agradecer el simple hecho de ver a cincuenta personas compartiendo ese entrañable espacio de trabajo contigo. Si bien algunos podrían tildar de héroes a aquellos que mantenemos la tasa de crecimiento económico interanual durante estas fechas, la verdad es que el hecho de estar en la oficina le hace sentir a uno algo más miserable.

Entonces es cuando conectas los auriculares al ordenador, haces doble clic sobre el icono del reproductor de audio y te dedicas a escuchar la selección más adecuada de canciones que hasta la fecha has ido acumulando en el disco duro de tu ordenador de trabajo, y que ya suman unas seiscientas. Consecuentemente acabas generando toda serie de pensamientos alegres, tristes, melancólicos y esperanzadores. Y acabas escribiendo en tu blog cuando no deberías.

A todo esto, en lo que sí se nota que pronto es navidad es en que a las tres y media de la tarde, ha sonado el teléfono sólo tres veces, lo cual es excepcional considerando que en el escritorio de mi derecha empieza la sección de soporte a usuarios. Usuarios, esos pequeños diablillos al otro lado de la línea telefónica y/o pantalla de ordenador que se dedican a llamar cuando tienen el increíble problema de que un papel se haya quedado atascado en la impresora o de que se haya ido la corriente y consecuentemente el ordenador se haya apagado. En fin, la disminución de llamadas indica que lo de tener a la mitad del personal de vacaciones no es solamente cosa de mi departamento.

Y en fin, aquí estoy ahora perdiendo algo de tiempo, porque a decir verdad, el ambiente actual (los he contado, hay dieciséis personas incluyéndome a mí en la oficina en estos momentos) no invita a tener ganas de trabajar. Así que estoy escuchando a Iván Ferreiro, que mayormente canta cosas relacionadas con los sentimientos, ya sean éstos de los que se sienten al empezar el amor, o al acabarlo. Y como no me encuentro en ninguna de las situaciones anteriormente mencionadas, sus canciones no hacen sino hacerme pensar en quién cada día me prometo que no voy a pensar durante horas. Claro que, el apoyo – realista – que ciertos amigos y compañeros de batalla me han dado durante el fin de semana me hace pensar aún más, en si será verdad o no que mi sentido olfativo está atrofiado con respecto a esta cuestión.

Estaba pensando ahora, que en algún punto de los últimos dos años debí perder la confianza en mi mismo, porque según mi memoria, en mi vida pre-itinerante no había demasiados problemas para conseguir a la chica… bueno, excepto cuando se metía Luke por en medio, ya fuera voluntaria o involuntariamente (d’oh!). Tal vez es que el clima catalán me hizo volverme más feo… o que mi vida es como una canción de Bon Jovi: el ritmo está bien pero todas las palabras están mal. O tal vez lo que sucede es que las chicas han crecido y ya no son chicas y no se las puede conquistar con una canción. Lo cual me recuerda a cierto post que una vez hubo en mi primer blog, y que debo reproducir en CerebroIzquierdo un día de estos. Resumiendo, decía que a veces me gustaría volver a tener diecisiete años.

Lo bueno de entonces (a parte de la carencia de preocupaciones económicas) era lo fácil que era pasarlo bien con cualquier fiesta improvisada en casa de alguien, lo sencillos que resultaban los estudios – o al menos por entonces pasarse unas horas estudiando solía tener como resultado una nota superior al cinco. También estaba el grupo, los conciertos, la gente, y el cachondeo que producen las microsociedades de instituto, y el ambiente del submundo isleño en general – con sus playas repletas de extranjeras que no saben que el sol quema en bikini durante el verano.

A estas alturas, o echando aunque sea un ligero vistazo al cuadro de tags más frecuentes, mis lectores habituales habrán notado que hablo mucho del pasado. Tal vez incluso sufro una cierta reticencia a dejar el pasado atrás, por mucho que siempre vaya diciendo que el pasado debe quedar enterrado y hay que mirar hacia el futuro. Pero en fin, no creáis, ni mucho menos, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Aunque probablemente sí sea cierto que mi vida de años anteriores fue más interesante…

En fin - este es el post de lunes. Escrito por fascículos en los ratos en que tenía la suficiente falta de trabajo y/o ganas de trabajar como para escribir. Probablemente un párrafo no tiene nada que ver con el anterior (es lo que tiene escribir por fascículos). Añadir solamente que empiezo a pensar que mi vida social empieza a decaer de nuevo - que me he pasado la tarde enviando mensajes, son las nueve menos veinte, y aún no he recibido contestación alguna. [Insert queja formal here].

Y eso es todo - nos vemos!