La verdad, fue una noche de san Juan bastante atípica la de anoche. Ya he desistido - hace tiempo - de repetir a mis amigos que no me feliciten porqué yo tengo menos de santo Jesús Gil [r.i.p.]
[Aprovecho la ocasión para decir que odio los portátiles, a no ser que sean Macintosh, pues tienen esos inútiles comprimidos teclados en los cuales es imposible escribir con propiedad a una velocidad decente sin equivocarse cada aproximadamente cien caracteres.]
En todo caso, ayer no vi ponerse el sol ni lo vi salir. Qué desgracia de noche del fuego. Sin contar que faltaban mis compañeros de toda la vida que sabe Dios dónde estuvieren anoche, sin los cuales todo intento de realizar ritual pseudopagano alguno carece de sentido trascendental.
[Aprovecho también esta ocasión para mostrar mi más profundo desprecio por los antivirus, sobretodo los paranóicos que sacan un mensajito de "su equipo está siendo atacado desde internet" a una media de 5 o 6 por hora. Qué quieren que les diga, prefiero tener un "equipo desprotegido" - al que curiosamente nunca le entra nada por cierto - que que me estén dando la lata con las ventanitas cada dos por tres...]
En fin, con todo, los amigos de noche del fuego de toda la vida fueron ayer sustituidos por otros amigos, y otros tantos amigos de amigos que no llegan a ser amigos míos aunque nos hayamos bebido la noche entera juntos en más de una ocasión. Digamos que son más bien... colegas de fatiga. Eso si contar la adición de las novias y/o proyectos de novia y/o ligues intrascendentes del momento de los susodichos.
Pasamos largo rato sentados en la arena charlando y contandonos la vida - y yo pasé largo rato explicando mis derivas trascendentales pseudofilosóficas a quien quisiera escucharme, pues tras casi cuatro años de ausencia, algunos tenian un concepto de mi que si bien no es del todo erróneo, sí está desfasado - Llegados a cierto punto de la noche nos pusimos a jugar a futbol, en torno a la hora posterior al exilio que había sufrido la patria playa tras el espectáculo de fuegos artificiales. A nuestro alrededor, por entonces, sólo quedaba un grupo de unas 5 quinceañeras que cantaban algo parecido a hip hop [o bien entonaban fatal] que decía algo así como "Jesús mola / Dios es lo más", todo ello coronado con un indispensable "oh yeah". Las mencionadas quinceañeras eran constantemente buitreadas por un grupo de unos 4 chicos algo mayores y mucho más feos, que evidentemente habían descubierto el vodka con naranja ayer por la noche. La cuestión es que una de las evangelistas quinceañeras con sobredosis de clases de catequesis iba más mal que mi amiga A el día que descubrió que el tequila mezclado con limonada no está tan mal - lo cual es MUY MAL - y se dejaba buitrear felizmente por uno de esos. Concidimos, mis amigos y yo, en que era difícil no admirar el show de pseudoporno en vivo y directo, cuando además venía aderezado por los minúsculos bikinis de las niñas de Dios. Y eso que a las 3 de la mañana ya no hacía calor de ningún tipo.
En todo caso, por allí también quedaba una pareja de señoras cincuentonas largas y argentinas con un acento muy peculiarmente rioplatenese, que descubrí al estamparle un pelotazo en su muslo izquierdo, en lo cual debería haber sido un triunfal gol de falta directa por mi parte, que obviamente salió *algo* desviado.
Tras el incidente, decidimos pasar al sumo. Sí, suena freak. Y lo es. Haces un círculo en la playa, metes a dos personas dentro, y así sucesivamente ya tienes montado un campeonato. Curiosamente Pedro, el más ligero de todos, se impuso a los demás fácilmente combate tras combate. Debía ser por la energía extra proporcionada por el J&B con Red Bull.
Lo que se llega a ver.
En fin, acabado el torneo y el espectáculo porno de la quinceañera y el buitre, rogué a Luk que me llevara a casa, a la cama, y bueno, obviamente me he levantado.
Y creo que es hora de comer. Así que aquí lo dejo.
Q.