En su ancestral sabiduría, Atenea puso a Anitta sobre la tierra,
para que me dijera que no siguiera esperando,
y mirara qué esconden otras calas recónditas.
Porque debe ser verdad, que esperando sentado, no llegaré a ningún sitio.
Y hay demasiados chocobos corriendo por el campo como para estar esperando que chobit alguno venga a sentarse a mi lado.
[Lo cual no significa que no siga queriendo uno]
Así que ayer, ya de noche y con algo más de azucar y canela quemados del necesario, salí a ver qué encontraba.
Y encontré lecciones;
como que a veces, recordar el camino a casa es lo más importante.
O que el que es fiel lo es siempre y no importa con quién.
O que las mezclas no tienen por qué ser tan malas.
O que nunca debes confiar tu rumbo a una mujer que ha bebido más de la cuenta.
Y encontré piedras preciosas.
De esas que se escapan fácilmente.
Y sorpresas de als que te hacen preguntarte, pero esto...
¿no?
¿Qué clase de frikismo te hace discutir sobre finales de series anime entre copa y copa?
Y ¿es extraño sentirse cohibido cuando te encuentras en un lugar estrecho con un holandés de tres metros?
Yo diría que sí.
Noche de experiencias nuevas, lo aseguro.
Y sí, tenemos fotos, pero hemos hecho pacto de silencio.
Así que no soñéis siquiera con verlas, fascinerosos.
Y si a eso lo llaman defragmentación...
... sabe Dios qué será un formateo completo.
En fin; por enésima vez.
Me encanta este sitio.
Categoría: Historias de la Ciudad
Si los fines de semana se colocaran en el calendario según el grado de cosas raras que pasan durante los mismos, sin duda, el pasado hubiera sido el primero de Enero.
Y es que no tiene precio.
No tiene precio probar todos los tipos de cerveza disponibles en un bar.
Tampoco lo tiene no parar de conocer gente con extraños y divertidos acentos de alrededor del mundo mientras escuchas U2.
O conocer a tu nueva futura esposa simplemente cambiando una Molly por otra.
Aunque ella no lo sepa, claro esta.
Viene a ser; el amargamiento que venía arrastrando se ha esfumado sin saber muy bien por que.
Debe ser cosa de sonrisas.
O alucinaciones.
O el hecho de que todas las tías en que me fijo últimamente resultan ser lesbianas.
Nada como tener buen ojo.
Y antes de que se me olvide, deciros que me encanta mi vida.
Aunque al mundo se le vaya la cabeza.
Y que cualquier pez en el anzuelo es bueno.
Releyendo esto... carece de todo sentido, ¿verdad?
Como viene siendo costumbre.
El trabajo, que me destruye más neuronas que nuestro amigo Absolut y su panda de amigos de nombre ruso.
Mil disculpas les pido
Y ahora si no es molestia, voy a lidiar con la fiesta neuronal que se está celebrando en mi lóbulo frontal.
.--
"Today I've seen an angel"
Tras tanto tiempo... brillan los ojos, se enaltece el alma, se acelera el pulso.
16:51. Salgo del trabajo, llego a la parada del autobús. Espero yo, esperan otros también. Llega el autobús. Subo y me dirijo al fondo. Atisbo un espacio en la última fila. Me siento. Conecto la radio. La música me absorbe y voy, más que sentado, volando.
Suena Bad Day, de Daniel Powter en la Flaixbac. Me arranca inevitablemente una sonrisa y de repente todo cambia.
Levanto la vista para ver la luz del sol y entonces la veo. Con los ojos escondidos tras unas gafas de sol, una espléndida sonrisa y un cabello brillante de oro cayendo sobre sus hombros. La miro. Me ve. Se quita las gafas y se revelan unos ojos capaces de quitar el pensar, la libertad, y el sueño a cualquiera que admire la belleza. Si ciertamente son los ojos el espejo del alma, su alma es trasparente como el cristal y claros como la aurora. Nos miramos mutuamente durante medio segundo. Luego aparta la mirada, la aparto yo también y miro el sol que ya desciende a su diaria cita con el Mediterráneo.
Unas pasajeras bajan. Me traslado a la penúltima fila. Ella está justo delante de mí. De tanto en cuanto, la miro. De tanto en cuanto, me mira. De tanto en cuanto nos miramos a la vez. Al principio aparta su mirada o yo la mía. Una vez, y otra, y otra, y cada vez más tiempo pervive la conexión que se crea al cruzarse dos miradas. De repente me engancha, o yo la engancho, y durante un minuto nos miramos a los ojos. No hace falta decir nada: ya sé quién es, de dónde vino, a dónde va; ya sé quién soy, de dónde vengo, a donde voy. El día empezó gris pero ahora brilla en tonos blanquiazules.
Llega mi parada. ¿Me bajo? No pasa nada por caminar doscientos metros más. Vale la pena. A ratos, aún la miro. A ratos, aún me mira. Llega la siguiente parada. Pulso el botón y agarro mi mochila. Me mira entonces. Le respondo y se cruzan de nuevo nuestras miradas durante unos instantes que parecen inconsumibles.
El autobús se detiene. Me levanto. Me detengo frente a ella para dejar pasar a otro pasajero. Antes de salir, nos miramos de nuevo, como si pudiéramos ver del otro el alma al mismo tiempo. Le sonrío, me sonríe, bajo, doy dos pasos, me giro para verla una última vez. Me mira y me sonríe. Le sonrío. El autobús se va.
...
Quince minutos pueden marcar una gran diferencia entre tener un gran día o uno mediocre. Todo depende de con qué te topes. Yo sé que hoy he visto un ángel. No ha sido como la última vez, no hacía frío, y esta temporada los ángeles no visten de negro, pero aún así, ha sido igual.
Y sí, no necesito mucho más para ser feliz, que unos momentos como estos que he descrito una vez cada x tiempo.
La verdad, fue una noche de san Juan bastante atípica la de anoche. Ya he desistido - hace tiempo - de repetir a mis amigos que no me feliciten porqué yo tengo menos de santo Jesús Gil [r.i.p.]
[Aprovecho la ocasión para decir que odio los portátiles, a no ser que sean Macintosh, pues tienen esos inútiles comprimidos teclados en los cuales es imposible escribir con propiedad a una velocidad decente sin equivocarse cada aproximadamente cien caracteres.]
En todo caso, ayer no vi ponerse el sol ni lo vi salir. Qué desgracia de noche del fuego. Sin contar que faltaban mis compañeros de toda la vida que sabe Dios dónde estuvieren anoche, sin los cuales todo intento de realizar ritual pseudopagano alguno carece de sentido trascendental.
[Aprovecho también esta ocasión para mostrar mi más profundo desprecio por los antivirus, sobretodo los paranóicos que sacan un mensajito de "su equipo está siendo atacado desde internet" a una media de 5 o 6 por hora. Qué quieren que les diga, prefiero tener un "equipo desprotegido" - al que curiosamente nunca le entra nada por cierto - que que me estén dando la lata con las ventanitas cada dos por tres...]
En fin, con todo, los amigos de noche del fuego de toda la vida fueron ayer sustituidos por otros amigos, y otros tantos amigos de amigos que no llegan a ser amigos míos aunque nos hayamos bebido la noche entera juntos en más de una ocasión. Digamos que son más bien... colegas de fatiga. Eso si contar la adición de las novias y/o proyectos de novia y/o ligues intrascendentes del momento de los susodichos.
Pasamos largo rato sentados en la arena charlando y contandonos la vida - y yo pasé largo rato explicando mis derivas trascendentales pseudofilosóficas a quien quisiera escucharme, pues tras casi cuatro años de ausencia, algunos tenian un concepto de mi que si bien no es del todo erróneo, sí está desfasado - Llegados a cierto punto de la noche nos pusimos a jugar a futbol, en torno a la hora posterior al exilio que había sufrido la patria playa tras el espectáculo de fuegos artificiales. A nuestro alrededor, por entonces, sólo quedaba un grupo de unas 5 quinceañeras que cantaban algo parecido a hip hop [o bien entonaban fatal] que decía algo así como "Jesús mola / Dios es lo más", todo ello coronado con un indispensable "oh yeah". Las mencionadas quinceañeras eran constantemente buitreadas por un grupo de unos 4 chicos algo mayores y mucho más feos, que evidentemente habían descubierto el vodka con naranja ayer por la noche. La cuestión es que una de las evangelistas quinceañeras con sobredosis de clases de catequesis iba más mal que mi amiga A el día que descubrió que el tequila mezclado con limonada no está tan mal - lo cual es MUY MAL - y se dejaba buitrear felizmente por uno de esos. Concidimos, mis amigos y yo, en que era difícil no admirar el show de pseudoporno en vivo y directo, cuando además venía aderezado por los minúsculos bikinis de las niñas de Dios. Y eso que a las 3 de la mañana ya no hacía calor de ningún tipo.
En todo caso, por allí también quedaba una pareja de señoras cincuentonas largas y argentinas con un acento muy peculiarmente rioplatenese, que descubrí al estamparle un pelotazo en su muslo izquierdo, en lo cual debería haber sido un triunfal gol de falta directa por mi parte, que obviamente salió *algo* desviado.
Tras el incidente, decidimos pasar al sumo. Sí, suena freak. Y lo es. Haces un círculo en la playa, metes a dos personas dentro, y así sucesivamente ya tienes montado un campeonato. Curiosamente Pedro, el más ligero de todos, se impuso a los demás fácilmente combate tras combate. Debía ser por la energía extra proporcionada por el J&B con Red Bull.
Lo que se llega a ver.
En fin, acabado el torneo y el espectáculo porno de la quinceañera y el buitre, rogué a Luk que me llevara a casa, a la cama, y bueno, obviamente me he levantado.
Y creo que es hora de comer. Así que aquí lo dejo.
Q.


