Es la concepción habitual: los taxistas creen que la calle es suya, los porteros de discoteca son todos unos bordes, los funcionarios son una panda de vagos que nunca trabaja en serio, los catalanes son unos malditos tacaños, los estudiantes de matrícula no tienen vida social, la gente de FP es menos lista que los universitarios, ser de izquierdas es para pobres, todos los empresarios son unos explotadores, y cualquier concejal con poderes urbanísticos se saca un sobresueldo con la ayuda de algún que otro promotor o constructor avispado, que por supuesto pertenece al grupo anterior de explotadores.
En la retórica clásica, la generalización suele ser uno de los primeros errores que el profesor trata de eliminar del discurso de sus alumnos. Para desgracia de la retórica, y de la sociedad en general, hace mucho tiempo que ésta se excluyó del plan de estudios para bachillerato. Así nos va el país, repleto de tópicos que calan y se instalan en la mente colectiva, desfigurando por completo eso que los angloparlantes llaman the bigger picture, estrechando nuestras miras.
Bien, créanlo o no, he visto a más de un taxista ceder amablemente el paso a otro vehículo. He conocido a porteros de discoteca cuidar de una persona que no estaba en condiciones de estar sola, aunque su trabajo fuera solamente sacarla del local. He trabajado al lado de funcionarios que hacían jornadas de doce y catorce horas y se dejaban la piel por cumplir con su deber para con la ciudadanía. En los años que llevo viviendo aquí, Cataluña y su gente me han dado muchas cosas sin pedirme nunca un céntimo. Algunas de las personas con la vida social más amplia que nunca haya visto son precisamente, algunos de los mejores estudiantes que han salido de los institutos y universidades españolas en los últimos años. He visto a gente de FP resolver en tres minutos problemas que ingenieros superiores no superion resolver en tres días. He charlado sobre la validez de la lucha de clases hoy día, de las ideas de Marx y de Engels con gente que tiene cuentas con saldos de más seis dígitos. He visto a empresarios de chaqueta y corbata quedarse hasta la madrugada en su empresa por dar tiempo a algún empleado para atender otros asuntos. Y durante cuatro años mi padre fue concejal de urbanismo del ayuntamiento de Palma de Mallorca; y todavía estoy por ver un duro de parte de nadie.
Así que por favor, la próxima vez que vaya a incluir a justos y pecadores en el mismo saco, hágame, háganos, hágase un favor y muérdase usted la lengua.
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Imagen por El Listo
Podría contaros un montón de cosas más de las que os conté ayer.


