Cuatro de la mañana. Últimamente vuelvo a casa tarde. Comparto mis noches con mi alguien especial. Y si fuera una pantalla... pues supongo que no sería Kazz. En todo caso... ¿te acuerdas? No es que lo mantenga desde entonces. Es que mejoro incluso la apuesta. Demuestras que eres un sol con entidad propia. Con sus inviernos, ciertos. Pero sabe dios que esta mañana brillabas con certeza. Te vi allí en lo alto en el cielo y me dije "hoy puede ser un buen día para salir volando". Vuelo contigo si quieres volar, lo sabes ¿no? Este invierno, supongo ha sido duro. Tanto frío, tanta lluvia, tanta nieve. Para qué salir de casa. Con todo he empezado a recoger plumas para esas alas nuevas. Son de diferentes colores, formas, y tamaños.En conjunto quedan bien. Ma douce amie, tendría tantas cosas que decirte... y sin embargo... mejor no te digo nada. Para qué, si lo habrás oído todo. Baste con decirte que... cuatro y media de la mañana. Como ves, no duermo. Si cualquier noche no duermes tú tampoco, ya sabes cuál es mi número. Y como ya dije una vez anteriormente,
Tu lugar está en el cielo, brillando cada día. Muy, muy alto.
A ti no voy a dedicarte una canción. No... eso lo hago... para gente corriente. ¿Sabes? Toda esa gente a cuyo lado pasas cada, que tiene cara de buena gente... Con caras o sin ellas, no te voy a dedicar una canción porque en primer lugar, ya las tengo últimamente reservadas para otra persona. En segundo, porque seguramente le hallarías un significado diferente al que en realidad tiene. Por tercera y última razón, y precisamente por ello como más importante, no voy a dedicarte una canción porque sería simple. Porque lo que yo siento cuando te leo, cuando navego por tus historias, se merece - cuando menos - una sinfonía entera. Con sus cuatro tiempos, su andante ma non troppo, su scherzo, su larghetto, y su molto vivace lleno de explosiones de luz de mil colores y acordes mayores al final.
No lo exagero, es cierto. Es probable que nunca llegues a entenderlo, pues los sentimientos son algo privado e individual en cada uno de nosotros. Pero es así. Me paro por un momento y detengo los segundos. Leo, pienso, comparo, transporto y reflexiono y salen miles de ideas y emociones. Muchas veces no entiendo, pero me esfuerzo en hacerlo. A menudo sin un resultado demasiado satisfactorio. Debe ser que aún nos queda mucho camino por recorrer...
Es cierto, a veces la música nos transporta, nos lleva, y nos hace creer en ilusiones del mismo modo que el alcohol nos hace creer que somos capaces de todo. Obviamente, no lo somos. Por supuesto que es hermoso viajar junto a la luz, casi caerse del vértice en vorágines de sentimientos. Cualquiera desearía seguir bailando ese vals. Desgraciadamente, en este baile, somos todos pésimos bailarines, y no tardan en pisarnos. Y se rompe la magia. Fin del sueño. Se rompieron las cuerdas de los violines. Ya no hay música, ni noches estrelladas, ni madrugadas largas. Uno a veces piensa..."yo... yo tenía una vida diferente antes de este último baile. ¿A dónde ha ido?" Con frecuencia volvemos al sitio de dónde veníamos, y cuesta convencer a los antiguos compañeros de batalla de que no añoramos aquél vals con sus tres tiempos tan bien harmonizados. Pero es simple: en el fondo, todos preferimos dormir a seguir bailando, finalmente. Está claro, y sin embargo... tiene aquél vals un perfume encandilador indescriptible... hace que a veces nos preguntemos por qué diablos tuvimos que despertarnos de aquél sueño para encontrarse que, de vuelta a casa, nos miran de reojo.
No es problema. Brillas más que la luz que pueda caer del cielo sobre esa casa. Puede que tal vez, al ser tú misma un sol, te miren de reojo por no quedarse ciegos, a sabiendas de que si tú no estuvieras, no habría en la casa nada más que tinieblas.
Por supuesto, no hay sol que brille siempre. Siempre hay días de nubes. Siempre quedarán noches. Todo sol debe dejar de arder de tanto en cuanto.
Así que bien; siéntate. Descansa. No olvides, sin embargo, tu lugar.
Tu lugar está en el cielo, brillando cada día. Muy, muy alto.
Yo lo vi claro desde la primera canción.
Como quien las escribió, me supongo.
En cada nota se nota el calor de un sentimiento.
No deja de ser irónico. ¿No crees?
Claro; cómo no voy a sentirme identificado.
Ya lo sé. No es de recibo y sigo siendo nadie.
Nadie al menos para hablar de vidas ajenas.
Me sigue pareciendo increíble. Una y otra y otra vez.
La experiencia... que sin duda debió ser totalmente traumática...
Si llego a vivirla yo, serían tantas las millas a correr...
En lugar de llegar a L'Hospitalet.... Tarragona... ¿Valencia?
Seguramente Murcia.
Siguiendo la costa para no perderse.
Que las historias de trenes dan para muchos de pensamientos.
Son historias indivuales; historias universales.
Son recuerdos en los que, tenidos o nunca vistos, uno se sumerje fácilmente.
Ya lo sé; lo siento.
No lo escribo para recordártelo.
Es la lluvia, que me abre los sentidos.
No puedes ver los colores.
Pero si te imaginaras los verdes, los azules, los violetas...
Hay millones; demasiados tonos para describirlos.
Y si los llegas a ver algún día...
seguro me perdonas por escribir sobre tu historia.
Tengo ganas de escribirte.
Pero sólo me salen cosas impersonales.
Así que borrón y cuenta nueva cada veinte lineas.
La verdad es que evito hacerlo, me supongo.
Es que me extraña la sensación que tengo... como de molestar.
De no tener que estar ahí, ahora que vuelves a estar lejos.
Otra vez.
Yo me he quedado aquí, como siempre.
Como siempre, deseando despertarme un día más a tu lado.
Con un pedacito de tu sabor en los labios.
Y sin ninguna idea de qué está pasando.
Lo sé... no debería preocuparme por ello.
Puedo volar por mi mismo... pero... simplemente, no tiene gracia, supongo.
No alcanzo a comprender por qué tiene que ser siempre así.
Tu vienes, cada vez con un rostro y un nombre diferentes,
pero siendo aún tú misma.
Y yo... no entiendo nada.
Por eso no puedo escribir de amor.
El amor... bueno... he oido hablar de ello.
De sombras entrelazadas y susurros en la oscuridad.
Tan... idílico.
Demasiado para caber en nuestra historia.
En nuestra historia, tú siempre dices que todo irá a mejor.
Pero nunca pasa nada... y aún...
Cada vez que escucho esa canción, dibujo nuestra última escena recurrente.
Aquella en que tomas puerta y te desvaneces en la niebla.
Y me haces renunciar a los atardeceres sobre la arena de Ibiza.
A los áticos y pianos de cola... Y al final;
Pasa el invierno frío, aún con un sol de otoño, o primavera encendida.
Pasan los días y sigo sin saber por qué te has ido,
si volverás. Y si vuelves... con qué ojos?
Por eso no puedo escribir... escribirte de amor.
Porque tú vienes; y tiñes las mañanas de colores de arcoiris.
Llegas y traes al cielo un púrpura perenne,
acortas las madrugadas de separación,
te llevas el miedo y lo transformas en alegría.
Vienes y pones melodía en lo que antes eran acordes vacíos.
Enfocas las fotos de mi memoria y me haces recordar lo que hemos sido.
Y ya nunca más seremos.
No puedo escribirte, porque tú llegas y traes todo lo bueno contigo,
cambias los grises de mi paleta por millones de colores,
pones mi mundo cabeza abajo... das un sentido a todo...
Y después te desvaneces.
¿Recuerdas aún nuestro viaje al infinito?
Ya, yo tampoco lo recuerdo.
Tenemos una lista interminable de cosas por hacer que nunca hacemos.
Ya no sé ni siquiera si tengo fuerzas para hacerlas.
... Es que he estado esperando tantos días.
No me malinterpretes, es que, simplemente...
las emociones son algo más que un y = x.
No sé, mis muros se tambalean, y como las piezas no encajan...
Y además llueve más que de costumbre.
O tal vez me haya desacostumbrado.
O haya abierto los ojos.
Y ya no sepa si es que me he cansado de esperar,
o es que he perdido los ojos que me guían.
No sé, estos días todo da un poco lo mismo.
Ya... yo tampoco lo entiendo.
Ni por qué no tengo demasiadas ganas de levantarme a la mañana.
Tal vez las vacaciones consumieron toda la vitalidad...
O la vuelta al mundo real haya supuesto un tremendo batacazo...
Sin colchonetas que amortigüen la caída.
No... no es que estés mal. Otra vez, no me malinterpretes.
Ni tampoco es por echar de menos - que lo hago - que no encuentro las ganas de hacer cosas.
Dice padre que ya va siendo hora, que llego con retraso.
Pues no tengo ni idea.
Dicen también que aprenda a hacerlo solo.
Ya, supongo que debería aprender.
Yo... las cosas a superar las voy guardando en una caja azul bajo la cama.
No suelen hacer ruido ni moverse, hace tiempo que las tengo ya domesticadas.
A veces sin embargo se empeñan en empañarme las noches.
No dejarme soñar... pasarme fotografías por delante de los ojos.
No odio, pero si pudiera... Creo que odiaría Agosto.
Y a todas esas cosas dentro de la caja azul.
Así tal vez desaparecerían.
Y no habría noches como estas en las que dormir fuera una odisea de dimensiones titánicas.
Creo que aún no estoy listo.
Creo que aún de más calor externo.
Y otras cosas que no puedo pedir por estar en dos partido.
Creo que los dieciséis albergaban días más fáciles.
Creo que iré a correr, a ver si atrapo jornadas mejores.
De vuelta al mundo real.
Han sido tres semanas sin parar.
Tres semanas de reír.
De dormir o bien poco o bien demasiado.
Tres semanas de aislarme del mundo.
De no mirar el correo electrónico por días.
De no entrar siquiera aquí.
Tres semanas de recordar los buenos tiempos.
Tres semanas de adquirir algunos nuevos.
Todos buenos.
Tres semanas de recordar que la familia y los amigos, lo primero.
Que el futuro importa, sí, pero aún más el presente.
Que 'casa' puede ser cualquier sitio, pero que 'Casa' sólo hay una.
Han sido tres semanas maravillosas.
Me quedo los abrazos, las sonrisas, los momentos, las canciones traducidas...
Nuevas canciones escritas...
Y sentimientos inéditos.
Un olor, muchas miradas, sesiones de telepatía, muchas camas diferentes, demasiados chupitos, los cantes a grito pelado, familias adoptivas y recuperaciones de tesoros perdidos.
Tres semanas para recordar, que los amigos que tengo...
... no creo que los merezca.
Gracias por hacer de las tres semanas de formateo el mejor momento de un 2007 de cambios y sorpresas.
Y no os lo toméis como algo personal, pero... os quiero.
A veces desearía dejarlo todo y comprarme una de esas casitas blancas en Ibiza.
No es que sea una locura;
es simplemente un... llamémoslo deseo inalcanzable.
Pero en todo caso;
Si M quisiera, cogeríamos las maletas, las guitarras, y nos dedicaríamos a vivir un amor de esos en plan Amélie.
Con camisetas de rallas horizontales.
De esos en que los amantes se tumban de noche en la terraza y observan las estrellas.
Qué pastel, ¿verdad?
Pensamientos que se me ocurren corriendo.
Y eso que empecé a correr por no pensar.
En todo caso, debe de ser bonito.
Y en todo caso, esta noche, jugando a Uno con caras de póker, he llegado a la misma conclusión de siempre:
que soy idiota.
Aunque sigo pensando que llegaremos.
Tal vez sin M alguna;
tal vez no será Ibiza ni el sol mediterráneo.
Tal vez no será siquiera en algo que ahora imagine.
Pero llegaremos.
Aunque a veces cunda la inesperanza;
pierda los estribos,
y sólo el cansancio pueda aguantarme.
¿No te ves conmigo, una noche de Agosto mirando caer las estrellas?
Yo te veo; pero está oscuro y aún no sé qué nombre he de ponerte.
Pero confía en mí, porque lo haremos.
Aunque mañana sea sólo un lunes más;
Aunque nada sea nuevo.
Tú y yo nunca nos hemos conocido.
Al menos no fuera de un pedazo de código informático que aparenta ser algo parecido a una novela por fascículos.
Sin embargo, la influencia que se puede ejercer es inmesurable.
No lo digo por decir.
Lo digo por que de no ser por ese estilo más ligero y apasionante yo nunca hubiera querido escribir mejor.
Y eso sí ha cambiado muchas cosas de mi vida.
Aunque no lo parezca.
Es sencillo: cuando llego a casa y me siento frente al ordenador, primero pincho sobre el link a tu página.
Y eso es sagrado para cualquier día normal.
Tanto como pillar el ADN al salir del metro cada mañana para leer la columna de la contraportada.
Tú dirás que no tienes nada más que contar.
Será que se ha acabado la temporada.
Bueno; es normal. Será cuestión de comenzar una nueva.
Es algo del tipo... te levantas una mañana y dices "hoy empieza una nueva etapa".
Y de repente todo es diferente.
La inocencia, por cierto, se nota en cada fascículo.
Tal vez no suene demasiado coherente, pero es así.
La inocencia no depende de lo que te hayan hecho;
sino más bien de lo que hayas hecho tú.
Y apuesto que nunca has sido una mala persona.
Y eso que nunca he tenido ocasión de mirar qué llevas dentro.
En todo caso; lo de la cala, lo que tú quieras.
Siempre que el tiempo y la meteorología lo permitan.
Y si no siempre quedan mis recónditos espacios de Montjuïc.
Me llamo Kazz y me gusta el jazz, aunque prefiero el rock y todo el mundo insiste en llamarme como le da la real gana, así que tomaos la libertad. Soy humano, mallorquín itinerante, friqui, y músico. Liándola desde 1984. Esto es CerebroIzquierdo, que al principio contaba cosas interesantes y ahora cuenta mi vida. Acostumbra a tener canciones por títulos de post, que suelen estar aquí. Y me extendería más, pero ya escribí una profunda introspección.
Para quejas y demás paranoias: kazeedarrobagmail.com